martes, 27 de febrero de 2007

'La armada', en horas bajas



El tenis español se halla en horas bajas. Permanece en un arduo y despiadado letargo. 'La armada', antaño hegemónica en el circuito masculino, divisa con pesadumbre e inquietud su posicionamiento como mera comparsa.
Temporadas atrás, España era el estado que contaba con más jugadores en el Top 100 de la ATP. En la actualidad, Francia tiene alistados mayor número de tenistas entre los cien primeros del planeta. Y no se trata de un dato meramente anecdótico.
Es cierto que Rafael Nadal yace consolidado en el segundo puesto de la lista de entradas de la ATP. Es cierto que Tommy Robredo se ha afianzado en el Top Ten. Es cierto que David Ferrer cada vez se muestra más completo. Pero nuestro tenis va a menos.
La exitosa generación de los Carlos Moyá, Álex Corretja, Albert Costa, Alberto Berasategui o Félix Mantilla, encontró su relevo natural en Juan Carlos Ferrero, Tommy Robredo, Feliciano López y David Ferrer. A medio camino entre los jugadores nacidos a principios de los 80 y las nuevas esperanzas de nuestra raqueta se ubica Fernando Verdasco. El zurdo madrileño, a pesar de atesorar un enorme potencial, adolece de falta de consistencia mental y de regularidad, por lo que no aspira a excelsas cotas.
Las miras de los aficionados españoles han de centrarse en Rafael Nadal y Nicolás Almagro. El mallorquín, consolidado como segundo jugador mundial, desea continuar su idilio con el éxito. El murciano, por su parte, progresa sin premura pero sin sosiego, y cada vez se acerca más a los escalafones más elevados del tenis universal.
El problema radica en la base. Ningún teenager goza de opciones de instalarse en la elite a corto plazo. Sólo el jovencísimo Carlos Boluda, de 14 años, y Georgi Roumenov, de 17, parecen ostentar madera de futuros campeones.
Si el panorama del tenis masculino no es excesivamente halagüeño, qué se puede comentar del femenino... Desde la retirada de Arantxa y Conchita el circuito de la WTA ha quedado huérfano de estrellas ibéricas. Virginia Ruano ha mantenido el tipo al haber encabezado el ranking de dobles. A nivel individual Anabel Medina era nuestra gran esperanza, pero desde su lesión en el Abierto de Australia de 2002 ante Mónica Seles no ha vuelto ser la misma. La canaria Magüi Serna también apuntaba maneras, pero se acabó diluyendo poco a poco.
El presente de nuestro tenis no se presenta demasiado prometedor. Por no decir nada del futuro. Nuestro porvenir parece tintarse de negro azabache.

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