jueves, 13 de septiembre de 2007

El verano atlético

Tras unos meses en los que nos ha resultado imposible narrar los vaivenes del universo deportivo, regresamos con más empuje que nunca. Dicho esto y cuanto a lo que nos ocupa, el verano atlético ha sido trepidante.
Antes de acudir a los Campeonatos del Mundo al aire libre de Osaka, cuatro atletas españoles batieron la plusmarca nacional en sus respectivas disciplinas. El canario Mario Pestano en lanzamiento de disco (68,26), la catalana Rosa Morató en los 3.000 obstáculos (9:26.23), la cántabra Ruth Beitia en salto de altura (2,02) y la tarraconense Irache Quintanal en lanzamiento de peso (18,20) exhibieron su poderío con sus sensacionales registros.
En el continente asiático, únicamente el español de origen ecuatoriano Jackson Quiñónez fue capaz de mejorar un récord estatal. Lo hizo en los 110 metros vallas (13.33), en una prueba en la que se coló en la gran final.
La delegación española aterrizó en Japón con la intención de obtener entre tres y cinco metales. El objetivo se cumplió, pero a duras penas. Paquillo Fernández consiguió la medalla de plata en los 20 kilómetros marcha arrebatándole la segunda posición en un dudoso sprint al mexicano Eder Sánchez, al que sobrepasó en la misma línea de meta. El granadino fue desposeído de su medalla, pero una reclamación de la Real Federación Española de Atletismo (RFEA) le devolvió lo que le pertenecía; su segundo puesto en el escalafón mundial. Los otros dos metales los arañaron María Vasco en los 20 kilómetros marcha y Mayte Martínez en los 800 metros, con sendos bronces. La marchadora barcelonesa recuperó el espíritu de Sidney y fue la única mujer capaz de plantar batalla al huracán ruso. La mediofondista vallisoletana, por su parte, con unos últimos metros repletos de garra y de talento, fue tercera en una prueba tan exigente como los 800. Asimismo, mejoró su plusmarca personal, pero no pulverizó el récord de Mayte Zúñiga, que data de 1988, por apenas 17 centésimas. Si los tres medallistas fueron los grandes triunfadores, otros atletas no corrieron la misma fortuna y sucumbieron ante la presión que supone disputar un Campeonato del Mundo. Mario Pestano, Juan Carlos Higuero, Mercedes Chilla y Concha Montaner, que partían con opciones de subir al cajón, decepcionaron, como reconoció José María Odriozola, presidente de la RFEA.
Pero si alguien triunfo en Osaka fue el estadounidense Bernard Lagat. El corredor de sangre keniata dio muestras de su talento y se erigió en el primer atleta en la historia de los Mundiales en imponerse en los 1.500 y en los 5.000 metros. Si memorable fue su doblete, no lo fue menos el triplete de su compatriota Tyson Gay. El velocista se proclamó vencedor en los 100 metros, en los 200 metros y en el relevo 4x100 metros, igualando así la gesta de Carl Lewis en sus primeros Mundiales (Helsinki'83) y de su ídolo Maurice Greene en Sevilla'99. Otro norteamericano, el texano Jeremy Wariner, evidenció que está llamado a escribir con letras doradas su futuro más cercano. Su prodigiosa victoria en los 400 metros, con un tiempo próximo a la estratosférica marca de Michael Johnson, y su triunfo en el 4x400 metros le ubican en la cúspide del atletismo universal. Tampoco defraudó el etíope Kenenisa Bekele. El genio de Bekoji refrendó su incontestable dominio del fondo planetario con su tercera corona consecutiva en los 10.000 metros, en una carrera espectacular. Las rusa Yelena Isinbayeva (salto con pértiga), la etíope Tirunesh Dibaba (10.000 metros), la sueca Carolina Klüft (heptatlón) y la croata Blanka Vlasic (salto de altura), fueron las féminas más destacadas. La rusa Tatyana Lebedeva no consiguió su esperado doblete, puesto que ganó el oro en salto de longitud pero, en cambio, no pudo en el triple salto con la cubana Yargelis Savigne y sumó una nada despreciable medalla de plata.
El gran derrotado en Osaka fue Asafa Powell. El jamaicano, el hombre más veloz del planeta, sólo pudo ser tercero en los 100 metros lisos, al verse superado por el estadonidense Tyson Gay y por el bahameño Derrick Atkins. Sin embargo, la tristeza no le duró demasiado. En la reunión de Rieti (Italia) paró el crono en el hectómetro en un escalofriante 9'74'', marcando la mejor marca de los tiempos y resarciéndose de la humillación sufrida en los Mundiales de Japón. El límite del ser humano parece no tener fin.
Osaka puso en evidencia a las potencias europeas. Solamente la omnipresente Rusia y la poderosa Alemania mantuvieron el tipo frente a Estados Unidos, Jamaica y las huestes africanas. España finalizó 26ª en el medallero y simplemente cumplió. Ni desentonó, ni brilló. Si bien, las sensaciones son amargas. Ningún joven amenaza con hacerse un hueco entre los grandes del atletismo. No es para ser demasiado optimistas.

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